En la vida aparecen continuamente personas, muchas de ellas solo son pasajeros momentos que se quedan grabados como etapas importantes, que te enseñan cosas que marcan tu existencia y que te ayudan a mejorar o empeorar como persona; otras, simplemente se quedan contigo, sin pedir permiso: un instante, una vivencia y de pronto, cuando volteas, te das cuenta que han permanecido a tu lado para acompañarte por senderos inimaginables de experiencias enriquecedoras.
Hoy puedo decir, que este segundo tipo de especímenes resultan casi un milagro cuando se posan frente a tí. Son tan inimaginables las formas tan extrañas en que personas así se cruzan por tu vida que nunca estarás seguro de si esos primeros seres pasajeros y volátiles terminarán por convertirse en compañeros de vuelo más adelante.
Sin embargo, el éxito de esto último radicará en el temple que presentes cuando haga falta sobrellevar los arrullos del aburrimiento, la fatiga y el desgaste emocional que implique el convivir con un semejante, con distintos o no senderos y pensamientos a los tuyos.
Siempre existirá el riesgo de morir en el intento, tratando de reconstruír o fortalecer ciertos vínculos. Pero es más digno recoger trozos de expectativas heridas y secar lagrimas derramadas durante la lucha, que claudicar en el camino, porque nunca sabes hacia dónde te guiarán esos nuevos senderos.
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