Contradicción constante que fluctúa entre dejarse llevar y detenerse. Preguntas reiteradas que invaden y aprisionan. Incógnita presente que lleva hacia ninguna parte.
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viernes, 3 de julio de 2015
jueves, 2 de julio de 2015
Caí en cuenta de que dentro existe alguna especie de miedo, ¿a qué? no se, pero se interna en lo más profundo, donde me resulta muy dificil visibilizarlo para enfrentarlo. Algún presentimiento extraño me hace pensar en que hasta que no logre procesarlo podre seguir avanzando. ¿Fecha? incierta ¿Sentimiento que invade? frustración y esperanza... que contradictorio.
¿Lo más lamentable? solo pude verlo asomar dos veces a través de otra persona.... tanto por hacer, por escarvar.....
¿Lo más lamentable? solo pude verlo asomar dos veces a través de otra persona.... tanto por hacer, por escarvar.....
jueves, 21 de mayo de 2015
Roads
Sin embargo, el cruzar esa línea hace que comiencen a abrirse nuevas posibilidades, nuevas visiones...
No hay momento para el arrepentimiento cuando aparece la oportunidad de traspasar ese cruce, porque solo así se exploran los límites, se permite la entrada a otras puertas, las de la percepción.
En la vida aparecen continuamente personas, muchas de ellas solo son pasajeros momentos que se quedan grabados como etapas importantes, que te enseñan cosas que marcan tu existencia y que te ayudan a mejorar o empeorar como persona; otras, simplemente se quedan contigo, sin pedir permiso: un instante, una vivencia y de pronto, cuando volteas, te das cuenta que han permanecido a tu lado para acompañarte por senderos inimaginables de experiencias enriquecedoras.
Hoy puedo decir, que este segundo tipo de especímenes resultan casi un milagro cuando se posan frente a tí. Son tan inimaginables las formas tan extrañas en que personas así se cruzan por tu vida que nunca estarás seguro de si esos primeros seres pasajeros y volátiles terminarán por convertirse en compañeros de vuelo más adelante.
Sin embargo, el éxito de esto último radicará en el temple que presentes cuando haga falta sobrellevar los arrullos del aburrimiento, la fatiga y el desgaste emocional que implique el convivir con un semejante, con distintos o no senderos y pensamientos a los tuyos.
Siempre existirá el riesgo de morir en el intento, tratando de reconstruír o fortalecer ciertos vínculos. Pero es más digno recoger trozos de expectativas heridas y secar lagrimas derramadas durante la lucha, que claudicar en el camino, porque nunca sabes hacia dónde te guiarán esos nuevos senderos.
Hoy puedo decir, que este segundo tipo de especímenes resultan casi un milagro cuando se posan frente a tí. Son tan inimaginables las formas tan extrañas en que personas así se cruzan por tu vida que nunca estarás seguro de si esos primeros seres pasajeros y volátiles terminarán por convertirse en compañeros de vuelo más adelante.
Sin embargo, el éxito de esto último radicará en el temple que presentes cuando haga falta sobrellevar los arrullos del aburrimiento, la fatiga y el desgaste emocional que implique el convivir con un semejante, con distintos o no senderos y pensamientos a los tuyos.
Siempre existirá el riesgo de morir en el intento, tratando de reconstruír o fortalecer ciertos vínculos. Pero es más digno recoger trozos de expectativas heridas y secar lagrimas derramadas durante la lucha, que claudicar en el camino, porque nunca sabes hacia dónde te guiarán esos nuevos senderos.
martes, 19 de mayo de 2015
lunes, 13 de abril de 2015
Espantapájaros [Oliverio Girondo]
No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias
o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy
una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento
afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de
soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de
zanahorias; ¡pero eso sí! —y en esto soy irreductible— no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el
tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue —y no otra— la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de
pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a
la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba
sus compras, sus quehaceres.
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo
por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito
rosado. ¡María Luisa! ¡María Luisa!... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos
aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el
aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver,
de vez en cuando, las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los
días entre las nubes la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de
atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia
sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas
a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer
pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni
tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.
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